El amigo fiel.

Cierto día, una rata de agua que vivía junto a un estanque, se trabó en una discusión con sus vecinos. La rata afirmaba que lo más valioso en la vida, era la amistad leal, mientras una pata con patitos, afirmaba que lo principal era la paternidad. Un pardillo verde intervino en la conversación contando una historia sobre el amigo fiel, para que la rata escuchara:

En una comarca lejana, vivía Hans, un mozo que vivía en una choza humilde y trabajaba su jardín. El mozo era muy pobre, pero su jardín era el mejor de la región. El pequeño Hans tenía muchos amigos, pero su mejor amigo era el gran Hugo, un rico molinero que lo visitaba frecuentemente.
La amistad de Hugo y Hans era tan íntima, que el molinero no visitaba a su amigo, sin llevarse un recuerdo de su jardín. Es que Hugo sostenía que los verdaderos amigos debían compartirlo todo y el pequeño Hans estaba de acuerdo.
Claro está, que los vecinos no comprendían aquella situación, ya que el molinero siempre tomaba, pero nunca correspondía los favores recibidos.
El pequeño Hans era feliz con su jardín y su amigo, nada lo complacía más que recibirlo y obsequiarle los frutos de temporada, para que el molinero llevase a su opulento hogar.
Durante primavera, verano y otoño, Hans obtenía su sustento de la venta de los productos del jardín, pero en los meses de invierno, debía sufrir penurias para sobrevivir.
Casualmente en esta época, Hugo dejaba de visitarlo, pues pensaba que ya tenía suficiente con su miseria, para tener que exhibirla frente a los amigos.
- No es buena cosa visitar al pequeño Hans con estas nieves. El pobre no lo está pasando bien, es mejor dejarle tranquilo.- decía Hugo a su mujer, sentado frente a la enorme chimenea, mientras saboreaba una jarra de cerveza caliente.
- Qué generoso eres querido. Siempre pensando en los demás.- contestaba su mujer desde otro sofá.
La siguiente primavera, Hugo retornó a casa de su amigo Hans, con un gran cesto para llenarlo con flores del jardín de su amigo, a quien no veía desde el otoño.
- ¿Cómo has estado pequeño Hans? 
- Bien, tengo mucho trabajo. Venderé las flores en el pueblo y con las ganancias, podré recuperar mi carretilla. 
- ¿Qué le pasó a tu carretilla? 
- Debí venderla en el invierno. Necesitaba sustento. 
- Pues no hace falta, tengo una carretilla que puedo obsequiarte. Está un poco destartalada y vieja, pero si la reparas, te dará servicio por un tiempo más. Además yo he comprado otra. 
- Eres muy amable, realmente aprecio tu bondad, mi amigo. Tengo una tabla con la que puedo arreglarla sin problemas. 
- Qué suerte que lo dijeras, estaba necesitando una tabla para reparar el techo de mi granero, antes que vengan las lluvias y estropeen los sacos de harina que tengo almacenados. Ya que te he regalado mi carretilla, es buena cosa que me devuelvas el favor. 
- No es problema, te la daré gustoso, ya verás si te sobra algo para reparar mi carretilla.

Sin demoras, Hans le entregó la tabla y las flores al molinero, quedándose sin flores para el mercado.
Los días transcurrieron y Hugo siempre encontraba una nueva tarea para que Hans lo ayudara en pago de la carretilla. Hans acudía gustoso a cumplir con su amigo, descuidando completamente su jardín.
Una noche tormentosa, golpeó Hugo la puerta de su amigo.
- ¿Qué ocurre, que vienes en medio de la tormenta? 
- Mi hijo se ha caído de la escalera y está herido, necesita al médico. Pensé que con tan terrible noche, no sería saludable que fuera hasta el pueblo a buscarlo. Pero tú bien podrías ir en mi lugar, ya que te he regalado la carretilla. 
- Con mucho gusto iré por ti. Gracias por traer tu linterna para que no me hiera en el camino. 
- Es una linterna nueva, si te la dejo y algo te sucede, se estropeará. 
- Está bien, iré sin luz, pues.

Sin demora, Hans salió a buscar al médico hasta el pueblo. El galeno montó su caballo rumbo a lo del molinero, seguido a pie, por Hans. La tormenta era tan terrible que el mozo se extravió. Sin saber por dónde iba, cayó por un acantilado y se ahogó.
Todos lamentaron la muerte del pequeño Hans y concurrieron a su entierro. Luego del mismo, mientras todos bebían en una taberna, el molinero se lamentó de la mala suerte que había tenido al regalarle la carretilla a su amigo Hans, y de cómo no podía deshacerse de ella de manera apropiada.
La rata interrumpió la historia, preocupada por la suerte del molinero. El pardillo dijo que eso no tenía interés, con lo cual, la rata se fastidió.
- Pero déjeme contarle la moraleja. 
- De haber sabido que había una moraleja, no perdía mi tiempo en escucharlo.- dijo mientras daba media vuelta y retornaba a su madriguera.

- Es que la moraleja es cosa de peligro.- dijo la pata. 
- Eso mismo pienso.- contestó el pardillo.


Extraído de la obra de Oscar Wilde.

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